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13 de junio de 2013

Palabras de Bienvenida del P. Angel Andrès Gonzàlez en la celebraciòn del 160 Aniversario del Templo de San Fulgencio de Gibara


Con la participaciòn del Exc.Mons. Dionisio Garcìa Ibàñez, Arzobispo de Santiago de Cuba y Presidente de la Conferencia de Obispos Catòlicos de Cuba, Mons. Emilio Aranguren Obispo de la Diòcesis de Holguìn y Mons. Obispo Emèrito Hector Luis Peña y otros sacerdotes invitados se oficiò una Misa para celebrar el 160 Aniversario del Templo de San Fulgencio de Gibara, Cuba el pasado 8 de Junio del 2013.

PALABRAS DE BIENVENIDA DEL P. ÁNGEL ANDRÉS GONZÁLEZ
Pàrroco de la Iglesia San Fulgencio


Excelentísimo Monseñor Dionisio García Ibáñez,

Arzobispo de Santiago de Cuba

y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba:



Esta Villa que hoy pisan sus pies, entre sus muchos defectos, tiene una gran virtud: Es un pueblo con memoria. Le aseguro que el gesto cariñoso de su visita no se olvidará jamás. Del mismo modo que guardamos el recuerdo orgulloso y agradecido de San Antonio María Claret, quien desde el primer momento, vio con buenos ojos la intención de aquella piadosa y buena Señora: Victoriana de Ávila y González de Rivera, a quien Dios premió con un corazón generoso y nos legó este regio templo, cuya planta arquitectónica quizá le recuerde a la majestuosa catedral que es su sede, en la querida Santiago. 

Cuando los gibareños de hace décadas, comenzaron a levantar este edificio (lo cual hicieron en menos de 3 años), sin duda alguna estaban haciendo una inversión de esperanza en el futuro. En un pueblo de apenas 1200 habitantes, sembrar un templo así, justo en el corazón de la floreciente villa, era dedicar el centro de todo espacio –físico y espiritual- a quien es el cimiento de la vida y el progreso de toda ciudad: Dios, sabiendo ellos que en los años sucesivos, la Iglesia –como en todo tiempo y en todo lugar- se dedicaría, desde él, a hacer presente al Dios revelado por Jesucristo: acompañando los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de este pueblo humilde de pescadores , agricultores y tabaqueros, de comerciantes y artesanos… Un pueblo que llora cuando ve caer cada ladrillo de esta arquitectura preciosa que guarda en silencio un pedazo de historia fecunda. Y que está dispuesto a levantarlo, a conservarlo, a salvarlo.



Querido Monseñor Emilio:


Como obispo de nuestra diócesis, ya son muchas las ocasiones en que nos acompaña confirmándonos en la fe apostólica, y animándonos en el camino de la misión. Hoy también le estamos agradecidos por contar con nosotros en la evangelización de esta zona pastoral que llamamos “del Descubrimiento”, con la tamaña responsabilidad de custodiar el espacio por donde entró la cruz a nuestra tierra amada. Gracias también porque su solicitud pastoral no sólo mira a lo espiritual, sino que sabe muy bien que “para edificar a los hombres es preciso levantar templos”, o reconstruirlos, o conservarlos, y en nuestro caso, nos ha ofrecido toda la ayuda y el ánimo que necesitábamos para hoy disponer de un lugar de culto más digno para que desde él, con una comunidad en constante proceso de conversión pastoral, le demos a este pueblo la Vida Abundante de Nuestro Señor Jesucristo.



Y Usted, querido Monseñor Héctor Luis Peña, hijo ilustre y amado de esta parroquia y de este municipio: 


No quería Dios dejarnos sin la oportunidad de tenerle hoy entre nosotros, porque su presencia nos honra y nos hace felices, por todo lo que Usted ha tenido que ver en esta historia, desde que esta comunidad supo la alegría de su entrada al seminario, o cuando le nombraron obispo auxiliar, o cuando, hace 34 años el Beato Juan Pablo II creó nuestra Diócesis y le nombró nuestro primer obispo. ¡Cuántas veces estuvo Usted en estas comunidades, como sacerdote o ya como obispo, celebrando, atendiendo, cuidando su rebaño! En los momentos difíciles, nunca nos dejó solos. Mucho de lo que hoy tenemos, incluyendo la reparación capital que culminó hace 10 años, lo debemos a su gestión y a su compromiso con nosotros. Con su presencia aquí, se hace posible un momento histórico de relevancia: tener con nosotros a tres obispos cubanos juntos, sin duda un hecho sin precedentes para este pueblo, que lo sabrá guardar y contar.



Gracias, queridos hermanos presbíteros, religiosas, diácono y seminarista. Comunidades queridas que nos visitan y acompañan. Pueblo fiel de Gibara. Autoridades civiles. Pastores de iglesias hermanas.  Bienhechores de aquí y de allá. Constructores, carpintero y pintores. A todos, ¡gracias!



¡Bendito seas, Señor, en el Templo de tu santa gloria, cantado y alabado eternamente!
(Dan 3 53)  


Galerìa fotogràfica de esta celebraciòn


Mons. Dionisio Garcìa Ibàñez, Arzobispo de Santiago de Cuba y Presidente de la Conferencia de Obispos Catòlicos de Cuba.

P. Angel Andrès Gonzàlez, Mons. Emilio Aranguren, Mons. Dionisio Garcìa Ibàñez.


Mons.Emilio Aranguren, Obispo de la Diòcesis de Holguìn.
 

De izquierda a derecha
P. Angel Andrès Gonzàlez, Mons. Emilio Aranguren, Mons. Dionisio Garcìa Ibàñez y Mons. Hector Luis Peña.

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