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Esta es tu bandera, si la trajiste prendida en tu corazón no la olvides. Búscale un espacio y ofrendale una flor. Concha Guerra

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19 de febrero de 2010

Pensamiento y Testimonio de Mons. Emilio Aranguren. Obispo de la Diócesis de Holguín.



HAITI
Pensamiento y Testimonio de Mons. Emilio Aranguren. Obispo de la Diócesis de Holguín.
Desde hace unos cuantos años se ha introducido, entre nosotros, una expresión interesante: "hacer una lectura creyente de la historia", La utilizamos cuando nos esforzamos por descubrir cuál es el designio de Dios en un acontecimiento, en el que uno -con la mirada humana- no logra descubrir un sentido lógico o, tal vez, hace lo contrario: lo analiza de manera contradictoria.

Digo esto porque, a las 48 horas, del terremoto de Haití, uno lee y escucha variadas interpretaciones y, por lo tanto, nos corresponde -como cristianos que somos- hacer "una lectura creyente", a partir de la fe en el amor de Dios.

Una anécdota
Hace unos veinte años, residiendo en Sagua la Grande , estaba en la funeraria, ya que había muerto un familiar cercano de la sacristana de la parroquia. De buenas a primera, el chofer del carro fúnebre, fue a la primera capilla donde estaba un féretro sin acompañante. Rodó el carrito que sostenía la caja hasta el escalón que separa el piso de la funeraria de la acera y, entonces, dijo: "Por favor, alguien que me ayude" (e hizo señas de trasladar la caja mortuoria al carro). Me levanté con prontitud y ayudé a dicho movimiento. Tan pronto cerró la puerta del carro, le preguntó al administrador (que fue uno de los que también ayudó): "¿Qué hago con esto?", refiriéndose al cadáver. Y el administrador, contestó: "Dale directo hasta el cementerio ... era una boba" (e hizo un gesto con la cara).

Entonces, dirigiéndome al chofer (a quien conocía) le dije: "Voy a despedir el duelo". Arrancó el carro 'a paso de entierro' y recorrió las tres cuadras que separan la funeraria de la esquina en la que se acostumbra realizar este tradicional gesto. Al salir de la funeraria éramos 3 los que hacíamos el cortejo fúnebre, pero, al cruzar la línea férrea y detenerse el carro en el lugar indicado, el grupo era como de 15.

Entonces, dije a los presentes:

Amigos, no sé cuál era el nombre de la difunta, tan sólo he sabido durante el trayecto, que murió a causa de las quemaduras sufridas cuando a su mamá se le encendió el fogón 'pike'. Ella (la difunta) murió y la mamá está ingresada, también con quemaduras". Y añadí: "Sepan que, al igual que a nosotros hoy, también a Jesús le pasó algo parecido, ya que le indicaron a un joven limitado y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó para que esté así: él o sus padres?" . Y Jesús respondió: "Ni él ni sus padres, sino para que sobre él se manifieste la gloria de Dios" (cf. Jn. 9,2-3).

Y concluí diciendo: “Este no es el momento para valorar la trayectoria de esta joven difunta, pero sí es momento para ratificar lo que había expresado Jesús: ‹‹en ella se manifestará la gloria de Dios›› y, de esa misma forma, en esta muchacha -a quien ahora decimos el último adiós- se ha manifestado la gloria de Dios porque ella es su criatura, su hija ... por ella, Jesús murió en la cruz y ahora la invita a la plenitud de la vida en Él".
Iluminación del hoy

Así, de esta forma o de manera parecida, veo lo acontecido en Haití. Leemos en Mt.25,29: "porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene" . Haití, un pueblo sin nada material... un pueblo de más de 9 millones de habitantes que viven en pobreza... y es a ellos a quienes les ha correspondido acatar este acontecimiento tan cruel, por tanto sufrimiento y tanta muerte que ha ocasionado.

¿Por qué? ... nos preguntamos. Pues, entre otras razones, para que muchas personas en el mundo no sean indiferentes ante este tipo de realidad: persona, cultura y nación. Para que no nos limitemos a ver, desde afuera, la pobreza del pobre, sino para que la conozcamos por dentro, la compartamos y, a la vez que la hacemos nuestra, también la suframos junto con ellos. ¡Qué importante es aprender a mirar al pobre y ser capaz de compartir su pobreza y buscar la forma de ayudarlo, pero en tiempo de paz … no sólo en la catástrofe!.

De la anécdota del entierro de "Cuquita" salió, a lo menos, una decisión buena, ya que el chofer del carro fúnebre asumió un compromiso a modo de promesa: "Es verdad que la persona es persona y eso es lo que vale; es hija de Dios aunque sea como sea y, por lo tanto, se merece el respeto y la dignidad que le corresponde". Y añadió: "Más nunca llevaré un entierro directo al cementerio ya que tiene el derecho a que alguien que le despida el duelo".

¡Ese día, aquel chofer, descubrió el valor que tenía la fallecida, a pesar de que el administrador le dijera en alta voz cual era su limitación!.

Visión del hoy

También, hoy, después del terremoto, muchas personas en el mundo miran a Haití y a los haitianos de manera diferente, más positiva, con mayor compromiso, incluso destacan valores que, para muchos, eran desconocidos o pasaban inadvertidos. ¡Descubrir esta riqueza y reconocerla es, tal vez, mucho más que una limosna y, con ello, se renuevan las bases necesarias para levantar un nuevo Haití!, no sólo a los ojos de quienes vivimos en la misma región caribeña, sino también a los de un poco más allá, en Latinoamérica, el Norte y el resto del mundo.

Es duro y riesgoso expresar: "No hay mal que por bien no venga", pero, la lectura creyente de este acontecimiento, permite vislumbrar una luz de esperanza para todos los hijos e hijas de este querido pueblo.

¡Ante el asombro, silencio de conversión!

… ¡asombra ver las fotos en las que aparecen tantos cadáveres tirados sobre una acera en espera de que los recojan y los lleven a “la fosa común”!. Tal vez, alguien retire la vista de la foto y guarde silencio porque recuerda que fue protagonista o cómplice de un fetico inocente –a quien no vio, pero despreció– que, primero, fue al cubo y, después, al crematorio del hospital.

… ¡asombra leer el titular de prensa publicado por la BBC : “Piden conferencia de donantes para Haití: el gobierno francés acordó con EE.UU., Canadá y Brasil preparar un encuentro internacional sobre la reconstrucción del país tras el sismo”!. E, interiormente, uno dice: ¡qué bueno que los países poderosos miren al pobre, no solo para levantarlo, sino para darle posibilidades para que crezca por sí mismo sin otras condiciones.

… ¡asombra saber que las fronteras que estuvieron totalmente cerradas para haitianos que escapaban de su tierra en busca de un horizonte, ahora se abran de par en par para acoger a los que puedan llegar!. Tal vez alguien diga: ¡Bendito terremoto que hace cambiar las posturas de los gobiernos y las restricciones internacionales ante la hecatombe que también produce sacudidas en el corazón del ser humano!.

… ¡asombra la disposición de cuantos se congratulan para acoger como refugiados a niños haitianos que han quedado en orfandad y, sin embargo, tal vez no lo han hecho con los que viven como emigrantes cerca de sus propias casas y, muchas veces, levantan los cristales de sus autos cuando pasan por las calles donde ellos se concentran!.

Oremos para que el asombro ante lo sucedido y, paulatinamente publicado en tan tristes escenas, testimonios y artículos de prensa, deje un germen de conversión en aquellos que, en silencio descubren, que –sin darse cuenta– han vivido muchos años “con el corazón endurecido” (Ps. 94,8) y, en esta ocasión, toman conciencia que caminan por la vida como lo hicieron aquel sacerdote y aquel levita –a quienes Jesús puso como ejemplo– “quienes supieron dar un rodeo y así pasar de largo por la historia” (cf. Lc.10,31-32), tan solo preocupados de sus intereses y proyectos de bienestar.

Visión pascual

Haití vive el silencio de la Pascua que no será de tres días, como sucedió entre la tarde de aquel primer Viernes Santo y el Amanecer del primer día de la semana, Pero, Dios así lo permita, que el Viernes Santo vivido por el pueblo haitiano en la tarde del martes 12 de enero del 2010 se convierta en semilla de Pascua. ¡Esa es nuestra esperanza!.
Con nuestra oración compartimos ese silencio para que no resulte estéril, sino que sea fecundo.

Publicado con autorizacion de la Conferencia de Obispos Cubanos.  Diocesis de Holguin.  http://www.iglesiacubana.org/    

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